El libro más impreso en la historia humana ha sido la Biblia.
Sin embargo, se toma y se deja con facilidad; por conveniencia, pereza, terquedad, incredulidad, ignorancia, o por cualquier otra circunstancia o argumento.
Se tergiversa por supuestos eruditos, o se acomoda para apoyar cualquier falsa teoría de indoctos e irreverentes "filósofos", que andan buscando adeptos que resultan ser tanto o más radicales que sus equivocados maestros.
Pero, se ignora su poder y eficacia.
Sumergirse en la Palabra de Dios es una experiencia única e indescriptible y esta al alcance de todo aquél que quiera conocer y relacionarse con el que hizo cielo, tierra, mar y cuanto ser vivo se mueve o desliza por intrincadas superficies que nos dejan más de una vez sorprendidos ante imagenes tan bellamente planeadas desde la eternidad, con el único fin de deleitarnos y poder ver de primera mano el amor de Dios por sus criaturas.
La Biblia no es para eruditos o personas escogidas en secreto. Al contrario de lo que se piensa, al leerla te haces erudito; y más que erudito, te haces sabio, prudente, inteligente, alegre y lleno de vida.
Alguien dijo: "El que lee tiene el poder". Y es cierto. Miremos cualquier actividad humana. ¿Quiénes se destacan? Los que leen y aplican el conocimiento. Pero, si supieramos que aún ese conocimiento cualquiera que sea tiene su origen en aquel Dios eterno y maravilloso que nos legó su palabra, nuestra vida sería otra.
Pasajes bellamente descritos nos ponen en contacto con historias semejantes a las nuestras a lo largo de años y en diferentes épocas.
Quedas de pronto ante tu retrato descrito a través de la vida de uno u otro personaje o situación, y todo porque alguien te conoce mejor que tu mismo. Dios, el único.
Te ves allí en esta u otra página, no por un acto de adivinación, sino de conocimiento divino. Pero lo verdaderamente relevante es que nos habla del Padre y del Hijo quien murió y resucitó; nos da razones y detalles. Nos revela al Salvador y nuestra relación con él. La Biblia nos guía y nos advierte; nos confronta y consuela. La Biblia es vida.
La Biblia nos habla, porque es la Palabra de Dios.
¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día medito en ella. Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos porque me pertenecen para siempre. Tengo más discernimiento que los ancianos porque obedezco tus preceptos. Aparto mis pies de toda mala senda para cumplir con tu palabra. No me desvío de tus juicios porque tú mismo me instruyes. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Son más dulces que la miel a mi boca! De tus preceptos adquiero entendimiento; por eso aborrezco toda senda de mentira. Tu palabra es lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero. Hice un juramento, y lo he confirmado: que acataré tus rectos juicios. (NVI)
Salmo 119 : 97 - 106
martes, 17 de septiembre de 2013
¿Locura?
Algunas partes de la Biblia nos hacen respirar profundamente y solo podemos mirarnos en profundidad.
Pero si Jesús, el SEÑOR, es nuestra medida, ¿cómo eludir nuestra responsabilidad?
¿Fácil? No. No lo es. ¿Imposible? No. No lo es.
Pasajes como este nos revelan la perfección de Jesús y lo que nos falta para llegar a su estatura.
Pero vale la pena. Imitar a Jesús es la experiencia más sorprendente y estremecedora porque es todo lo contrario a nuestra naturaleza.
Para muchos es una locura; pero para nosotros sus discípulos, es vida.
comenzó a enseñarles diciendo:
<<Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de Dios les pertenece.
>>Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levanten contra ustedes toda clase de calumnias.
Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.
>>Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee.
>>Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse.
Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo. No piensen que he venidoa anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento. Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido. Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, sera considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe sera considerado grande en el reino de los cielos. Porque les digo a ustedes, que no van a entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere a la de los fariseos y de los maestros de la ley.
Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: "No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal." Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más cualquierá que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquierá que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno.
>>Por lo tanto, si estás, presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda.
>>Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él lo más pronto posible. Hazlo mientras vayan de camino al juzgado, no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te echen en la cárcel. Te aseguro que no saldras de allí hasta que pagues el último centavo.
>>Ustedes han oído que se dijo: " No cometas adulterio." Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno.
>>Se ha dicho: "El que repudia a su esposa debe darle un certificado de divorcio." Pero yo les digo que excepto en caso de infidelidad conyugal, todo el que se divorcia de su esposa, la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también.
>>También han oído que se dijo a sus antepasados: "No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor." Pero yo les digo: No juren de ningun modo: ni por el cielo , porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es al ciudad del gran rey.
Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. Cuando ustedes digan si", que sea realmente si"; y cuando digan no, que sea no. Cualquier coas de más, proviene del maligno.
>> Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente." Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.
Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. Al que te pida dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.
>>Ustedes han oído que se dijo: "Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo." Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompense recibirán? ¿ Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto.
>>Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actuan así, su Padre que esta en los cielos no les dará ninguna recompense.
>>Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje. Les aseguro que ellos ya han recibido toda su recompense. Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.
>>Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompense.
Pero tú cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.(NVI)
Mateo capítulos cinco y seis.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Quédense quietos
La Biblia nos narra una historia del extraordinario poder de Dios, cuando se trata de defender a su pueblo. Muchas veces cuando no sabemos como enfrentar los enemigos llamense como se llamen, Dios el SEÑOR, nos dice : "Simplemente quédense quietos, porque la batalla no es de ustedes sino mía".
Después de esto, los moabitas, los amonitas y algunos de los meunitas le declararon la guerra a Josafat, y alguien fue a informarle: <<Del otro lado del mar Muerto y de Edom viene contra ti una gran multitud. Ahora están en Jazezón Tamar, es decir en Engadi.>> Atemorizado, Josafat decidió consultar al SEÑOR y proclamó un ayuno en todo Judá. Los habitantes de todas las ciudades de Judá llegaron para pedir juntos la ayuda del SEÑOR.
En el templo del SEÑOR, frente al atrio nuevo, Josafat se puso de pie ante la asamblea de Judá y de Jerusalén, y dijo:
<<SEÑOR, Dios de nuestros antepasados, ¿no eres tú el Dios del cielo, y el que gobierna a todas las naciones? ¡Es tal tu fuerza y tu poder que no hay quien pueda resistirte! ¿No fuiste tú, Dios nuestro, quien a los ojos de tu pueblo Israel expulsó a los habitantes de esta tierra? ¿Y no fuiste tú quien les dio para siempre esta tierra a los descendientes de tu amigo Abraham? Ellos la habitaron y construyeron un santuario en tu honor, diciendo: "Cuando nos sobrevenga una calamidad, o un castigo por medio de la espada, o la peste o el hambre , si nos congregamos ante ti en medio de nuestra aflicción, tú nos escucharás y nos salvarás."
>>Cuando Israel salió de Egipto, tú no le permitiste que invadiera a los amonitas, ni a los moabitas ni a los del monte de Seír, sino que lo enviaste por otro camino para que no destruyera a esas naciones .
¡Mira cómo nos pagan ahora, viniendo a arrojarnos de la tierra que tú nos diste como herencia! Dios nuestro, ¿a caso no vas a dictar sentencia contra ellos? Nosotros no podemos oponernos a esa gran multitud que viene a atacarnos.
¡No sabemos qué hacer! ¡En ti hemos puesto nuestra esperanza!>>
Todos los hombres de Judá estaban de pie delante del SEÑOR, junto con sus mujeres y sus hijos, aun los más pequeños.
Entonces el Espíritu del SEÑOR vino sobre Jahaziel, hijo de Zacarías y descendiente en linea directa de Benaías, Jeyel y Matanías. Este último era un levita de los hijos de Asaf que se encontraba en la asamblea. Y dijo Jahaziel: <<Escuchen, habitantes de Judá y de Jerusalén, y escuche también Su Majestad. Así dice el SEÑOR: "No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, poque la batalla no es de ustedessino mía.
Mañana, cuando ellos suban por la cuesta de Sis, ustedes saldrán contra ellos y los encontrarán junto al arroyo, frente al desierto de Jeruel. Pero ustedes no tendrán que intervenir en esa batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos, para que vean la salvación que el SEÑOR les dará.
¡Habitantes de Judá y de Jerusalén, no tengan miedo ni se acobarden! Salgan mañana contra ellos, porque yo, el SEÑOR, estaré con ustedes.">>
Josafat y todos los habitantes de Judá y Jerusalén se postraron rostro en tierra y adoraron al SEÑOR, y los levitas de los hijos de Coat y de Coré se pusieron de pie para alabar al SEÑOR a voz en cuello.
Al día siguiente, madrugaron y fueron al desierto de Tecoa. Mientras avanzaban, Josafat se detuvo y dijo: << Habitantes de Judá y de Jerusalén, escúchenme: ¡Confíen en el SEÑOR, y serán librados! ¡Confien en sus profetas, y tendran éxito!>> Después de consultar con el pueblo, Josafat designó a los que irían al frente del ejército para cantar al SEÑOR y alabar el esplendor de su santidad con el cántico: <<Den gracias al SEÑOR; su gran amor perdura para siempre.>> Tan pronto como empezaron a entonar esta cántico de alabanza, el SEÑOR puso emboscadas contra los amonitas, los moabitas y los del monte de Seír que habían venido contra Judá, y los derroto. De hecho, los amonitas y los moabitas atacaron a los habitantes de los montes de Seír y los mataron hasta aniquilarlos. Luego de exterminar a los habitantes de Seír, ellos mismos se atacaron y se mataron unos a otros. Cuando los hombres de Judá llegaron a la torre del desierto para ver el gran ejército enemigo, no vieron sino los cadáveres que yacían en la tierra. ¡Ninguno había escapado con vida! Entonces Josafat y su gente fueron para apoderarse del botín, y entre los cadáveres encontraron muchas riquezas, vestidos y joyas preciosas. Cada uno se apoderó de todo lo que quiso, hasta más no poder. Era tanto el botín, que tardaron tres días en recogerlo. El cuarto día se congregaron en el valle de Beracá, y alabaron al SEÑOR; por eso llamaron a ese lugar el valle de Beracá, nombre con el que hasta hoy se le conoce. Más tarde, todos los de Judá y Jerusalén, con Josafat a la cabeza, regresaron a Jerusaén llenos de gozo porque el SEÑOR los había librado de sus enemigos. Al llegar, entraron en el templo del SEÑOR al son de arpas, liras y trompetas. Al oír las naciones de la tierra cómo el SEÑOR había peleado contra los enemigos de Israel, el temor de Dios se apoderó de ellas. (NVI) 2 Crónicas cap. 20
¡Así que tenemos al unico Dios que ha existido, existe y existirá por la eternidad, de nuestro lado!
Recordemos:
___¡Jesús hijo de David, ten compasión de mí!___gritó el ciego.
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando el ciego se acercó, le preguntó Jesús:
___¿Qué quieres que haga por ti? (NVI) Lucas 18 : 35 - 43
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Pescado asado
Todavía estaban ellos hablando acerca de esto, cuando Jesús mismo se puso en medio de ellos y les dijo:___Paz a ustedes.
Aterrorizados, creyeron que veían a un espíritu.
___¿Por qué se asustan tanto?___ les preguntó___.
¿Por qué les vienen dudas? Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo mismo!
Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que los tengo yo.
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acababan de creerlo a causa de la alegría y del asombro, les preguntó:
¿Tienen aquí algo de comer?
Le dieron un pedazo de pescado asado, así que lo tomó y se lo comió delante de ellos, Luego les dijo:
___Cuando todavía estaba yo con ustedes, les decía que tenía que cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las escrituras.
Esto es lo que está escrito ___ les explicó___: que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día, y en su nombre se predicarán el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de estas cosas.
Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto. (NVI)
Viendo estas imágenes no puedo evitar a Job. Así como a Leonardo, a mi también me apasionan los caballos. Pero cuando tengo oportunidad de montarlos o verlos, Job es inevitable. Pero es inevitable porque allí, en este libro desconcertante y sobrecogedor, quedaron escritas de manera contundente las palabras de Dios, el SEÑOR Todopoderoso, en un diálogo grabado para la eternidad que nos enseña quién es él y quiénes nosotros. ¿No maravilla que el Dios creador de todo lo que vemos se tome la molestia de responderle a una criatura que se jacta de saberlo todo? En esta era llamada hipermoderna que recién deja a la posmoderna, las preguntas son otras, pero con el mismo enfoque Divino:
¿Fuiste tú quien descubrió el Bosón de higgs? ¿Quién te llevo a perfeccionar el tren bala? ¿Cómo descubriste la tecnología 4K TV ? ¿Quién te enseño el diseño del acelerador de partículas? ¿Qué me dices de la aviación? ¿Y de los escudos antimisiles sabes algo? ¿Quién descubrió la 4G? ¿Quién te enseño sobre la ropa inteligente? ¿Por qué tienes una Tablet? Por esto y mucho más, las preguntas de Dios, el SEÑOR, a Job deberían cobrar vigencia en esta era Hipermoderna a la que pertenecemos tú y yo.
¿Le has dado al caballo su fuerza? Has cubierto su cuello con largas crines? ¿Eres tú quien lo hace saltar como langosta, con orgulloso resoplido que infunde terror? Patalea con furia, regocijándose en su fuerza, y se lanza al galope hacia la llanura. Se burla del miedo; a nada le teme; no rehuye hacerle frente a la espada. En torno suyo silban las flechas, brillan las lanzas y las jabalinas. En frenética carrera devora las distancias; al toque de trompeta no es posible refrenarlo. En cuanto suena la trompeta, resopla desafiante; percibe desde lejos el fragor de la batalla, los gritos de combate y las órdenes de ataque. (NVI) Job 39 : 19 - 25